Historia

 

Antecedentes

 

En el siglo XIX, la investigación musical en México estuvo limitada a proyectos personales que comúnmente consisten en compilaciones de música de baile y canciones tradicionales, y su adaptación al piano. Un ejemplo posterior, dentro de este mismo ámbito, es la Colección de canciones mexicanas (1910), adaptadas para canto y piano por Manuel M. Ponce (1882–1948). A diferencia de sus antecesores, Ponce no se conforma con la mera compilación, sino que emprende un trabajo analítico e historiográfico, que exige el reconocimiento de la música mexicana como valor cultural. De acuerdo a esta nueva actitud, Ponce sienta las bases de la moderna musicología mexicana a través de la publicación de artículos suyos como “La canción mexicana” (Revista de revistas, 1913) y “Estudio sobre la música mexicana” (Música de América, 1920).

 

La influencia intelectual de Ponce se observa en las primeras décadas del siglo XX, tanto a través de sus jóvenes alumnos —principalmente en Carlos Chávez (1899–1978)—, así como en la vanguardia cultural de la época, impulsada por el filósofo y escritor José Vasconcelos (1882–1959). Vasconcelos mismo produce una variedad de textos que abren nuevas líneas de investigación musical (e.g. “Pitágoras y la música”, 1916; “La sinfonía como forma literaria”, 1917). Como titular de la Secretaría de Educación Pública (1921–24), Vasconcelos organiza esa instancia en tres departamentos: Escolar, Bibliotecas y Bellas Artes, éste último bajo la dirección de Carlos Chávez. Vasconcelos también crea el Departamento de Cultura Indígena e instituye las Misiones Culturales, dos proyectos que sustentan el estudio y la documentación de las manifestaciones culturales nacionales. En esa época se produce un gran volumen de documentos sobre música de diversas regiones del país. Así, en 1926 el Departamento de Bellas Artes publica su primera compilación de música tradicional mexicana, a cargo de la folclorista Concha Michel (1899–1956).

 

El Departamento de Bellas Artes también promovió la compilación de archivos con material musical recabado en expediciones etnográficas. En dichas expediciones participaron, entre otros, Luis Sandi (1905–1996), Francisco Domínguez (1897–ca.1975), José E. Guerrero (1904–1983), Ángel R. Salas (1904–1981) y Roberto Téllez Girón (1915–1963), autores, asimismo, de numerosos textos sobre temas de música mexicana.

 

En 1927 se llevó a cabo el Primer Congreso Nacional de Música, que junto con sus ediciones segunda (1928) y tercera (1956), motivó la orientación de la musicología mexicana en sus diferentes temáticas. En épocas del primer congreso, Manuel Puig Casauranc (1888–1939), sucesor de Vasconcelos a la cabeza de la SEP, encarga al escritor y músico Rubén M. Campos (1876–1945) —colaborador de Ponce— la elaboración de textos para guiar las investigaciones folclóricas nacionales. Como resultado de esto, Campos publica sus libros El folclore y la música mexicana (1928, reimp. CENIDIM, 1991), El folclore literario de México (1929) y El folclore musical de las ciudades (1930, reimp. CENIDIM, 1995).

 

En 1931, Higinio Vázquez Santa Ana publica su Historia de la canción mexicana, y dos años más tarde, Miguel Galindo publica su libro Nociones de historia de la música mejicana (Colima, 1933; reimp. CENIDIM, 1992). En esa misma época, Carlos Chávez —a la sazón director del Conservatorio Nacional de Música—, funda en ese plantel tres academias de investigación: la de Música Popular, la de Historia y Bibliografía, y la de Nuevas Posibilidades Musicales, dentro de las que invita a participar a jóvenes investigadores como Luis Sandi (ya citado), Eduardo Hernández Moncada (1899–1995), Jesús C. Romero (1894–1958), Gerónimo Baqueiro Foster (1892–1967) y Vicente T. Mendoza (1894–1964). Otro musicólogo de esta generación, Gabriel Saldívar (1909–1980), es autor del libro Historia de la música en México (1934), cuya edición es patrocinada por el Departamento de Música de Bellas Artes. Saldívar es, asimismo, autor de la Bibliografía de la música y musicografía mexicanas, ambicioso proyecto que inicia en 1931, y que es terminado y publicado en dos tomos, en 1991, por el CENIDIM.

 

A partir de 1930, el compositor, director y organista Miguel Bernal Jiménez (1910–1956) comienza el estudio sistemático de la música de la Nueva España. En 1934 descubre el Archivo Musical del Colegio de Santa Rosa de Santa María de Valladolid, y con parte de ese material, transcrito por él y varios de sus alumnos, en 1939 organiza el primer concierto de música novohispana. A partir de ese año, otros músicos y musicólogos —entre ellos Manuel M. Ponce y Jesús Estrada— comienzan a desarrollar investigaciones sobre la música del virreinato.

 

En 1945, la Dirección General de Educación Estética, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), organiza la Comisión de Folclore, a cargo del músico español Baltasar Samper (1888–1966). Al comenzar el año siguiente y por iniciativa del compositor Luis Sandi, se crea en su seno el Departamento de Música la Sección de Investigaciones Musicales.

 

Para 1966 la percusionista Carmen Sordo Sodi (1932– ) era Jefa de la Sección de Investigaciones Musicales, institución en la que permaneció durante poco más de una década. En aquel año organiza la Primera Exposición de Instrumentos Musicales Mexicanos; en 1969, la Primera Exposición Internacional de Instrumentos Musicales, y entre 1968 y 1971 llevó a cabo los cuatro Cursos de Folclore Internacional. Sordo Sodi también contribuyó al rescate y documentación de la Colección “Jesús Sánchez Garza”. Este trabajo fue asumido en 1974, por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (CENIDIM), adscrito al INBA.

 

Fundación y continuidad del CENIDIM

 

La misión del CENIDIM hereda, en gran medida, los propósitos de la Sección de Investigaciones Musicales, promoviendo el conocimiento de las músicas de México y su rescate, estudio, conservación y divulgación. Fundado en 1974 por decreto presidencial, Carmen Sordo Sodi había propuesto la creación del CENIDIM un año antes —el 16 de agosto de 1973—, durante el Congreso Nacional Extraordinario de Música, celebrado en la ciudad de México.

 

La primera directora del Centro fue la misma Carmen Sordo Sodi (1974–78), quien comenzó un arduo trabajo de ordenamiento e incrementó la Colección de Instrumentos Musicales, mediante donaciones de embajadas en México. Con muy escasos recursos económicos y humanos, Sordo Sodi hizo frente al reto de dirigir el primer centro de investigación musical nacional.

 

El segundo director del CENIDIM fue el compositor y violinista Manuel Enríquez (1978–1985), quien organizó el Foro de Música Nueva (que hoy lleva su nombre), el Taller de Composición, el Laboratorio de Música Electroacústica, el Festival de Música y Danzas Autóctonas, y el Ciclo de Conferencias y Conciertos Panorama de la Música Virreinal en Latinoamérica. En esta época el CENIDIM adoptó el apelativo de “Carlos Chávez”, impulsor de la investigación musical institucional en México, y autor del primer texto sobre música y electrónica: Hacia una nueva música: Música y electricidad (1935), así como del texto que es, hasta hoy, la piedra angular en la filosofía de la música desarrollada en México: El pensamiento musical (1958).

 

La oboísta y musicóloga Leonora Saavedra fue la tercera directora del CENIDIM (1985–88). Durante su gestión, el Taller de Composición, el Laboratorio de Música Electroacústica y el Área de Investigación Experimental fueron transferidos al Conservatorio Nacional de Música. En esta época el CENIDIM participó en congresos y proyectos de documentación internacionales. En este periodo se publicó el Boletín del CENIDIM, que alcanzó ocho números.

 

El cuarto director del Centro fue el compositor e historiador Luis Jaime Cortéz (1988–94), quien impulsó las investigaciones sobre los diferentes periodos de la historia de la música mexicana y la impartición de cursos para el fortalecimiento académico de los investigadores. Durante su gestión se llevó a la prensa un gran número de publicaciones, de lo cual destacan ediciones facsimilares de libros, revistas y partituras. A este periodo también se debe la producción de la mayor parte del catálogo discográfico del Centro.

 

José Antonio Robles Cahero, historiador y guitarrista, fue el quinto director del CENIDIM (1994–2002). Su gestión se caracterizó por haber llevado a cabo un reordenamiento académico y una vinculación con instituciones extranjeras. Organizó el Encuentro Internacional de Músicas del Mundo. En 1996 instituyó la Cátedra “Jesús C. Romero”, que cada año está a cargo de un musicólogo invitado, reconocido por su trayectoria internacional. El primero en impartirla fue Robert Stevenson. En este periodo se creo la Colección de Jazz, a cargo de la investigadora Géraldine Célèrier Eguiluz (1969– ), y que consiste en grabaciones, impresos y otros documentos acerca del jazz en México.

 

La historiadora y flautista Lorena Díaz Núñez fue la sexta directora (2002–06), quien instituyó en 2004 el Foro Nacional sobre Música Mexicana, que se realiza en distintas ciudades de la República. Asimismo, el ciclo de charlas “Los compositores y su música: audiciones guiadas” y las mesas redondas “Vida y obra de nuestros compositores”. Dio un especial cuidado a la conservación y organización de los acervos que custodia el CENIDIM. Dirigió el proyecto del Museo Virtual de la Colección de Instrumentos Musicales del CENIDIM.

 

El séptimo director, para el periodo 2006–12, fue el compositor y pianista Eugenio Delgado Parra, quien creó el Diplomado en Musicología Histórica. A partir de 2012, en un segundo periodo, el director del Centro es el maestro José Antonio Robles Cahero.